"El insomnio se cura durmiendo junto a esa persona por la que no puedes dormir."
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UNTITLED

Tendría unos doce o trece años, una edad muy corta para caer en el amor, cuando un 9 de septiembre, martes lo recuerda bien, justo cuando llegaba en la mañana a la escuela. Todo parecía tan normal y ordinario, hasta que lo vio. Sus ojos eran verdes y azules al mismo tiempo, lunares por casi toda la cara y la sonrisa más brillante que jamás pudo haber visto. Parecía un ángel en verdad. Ella solo caminaba hacia su salón, cuando sus miradas se cruzaron por unos segundos, y con eso fue más que suficiente para enamorarse de él. Los días siguieron pasando y siempre se miraban con timidez, hasta que llegó el día en que se atrevieron a hablar. Ella en él confió, él las puertas de su corazón le abrió, fue la amistad más linda que pudo haber tenido con un muchacho. Pero algunas personas se pusieron en el camino, creando dudas y falsas ideas de uno y otro. Se empezaron a distanciar, y ella en realidad no sabía por qué. Cada vez que intentaba hablarle a su amigo notaba algo diferente en el, sentía que lo molestaba con su presencia y con los comentarios de sus amigas se sentía aún más incómoda. No sabía qué hacer. Ella estaba enamorada, pero entonces entendió que si amaba algo tenía que dejarlo ir. Devastada por el repentino suceso, empezó a sentirse deprimida, sus ojos ya no brillaban con la misma intensidad, dejó de comer, dejó de preocuparse por ella misma y por lo que le rodeaba. Muchas noches lloraba hasta quedarse dormida o simplemente el insomnio la atrapaba. Intentó muchas veces tratar de olvidarlo, pero cada día que iba a la escuela siempre se lo topaba por los pasillos,  y tenía una mirada diferente, como de pena y culpa al mismo tiempo. Ella ya no podía mirarlo a los ojos, pues se sentía extraña y nerviosa. La secundaria terminó para él y fue el tiempo de irse a otra escuela. A ella le faltaba un año más por cursar y esperó con ansias poder olvidarse de él para sentirse un poco mejor, aunque realmente no quería hacerlo. Pasaron algunos meses y ella rara vez recordaba su rostro, su voz desapareció por completo de su memoria.

Estaba segura de que se estaba curando su herida. Al fin fue su turno de terminar la escuela y subir otro escalón de su vida para seguir creciendo. Llegó el primer día de clases de la preparatoria. Lleno de caras desconocidas, uno que otro amigo y maestros que con el tiempo llegaría a odiar o amar. Todo fue muy tranquilo en el corto transcurso del día, hasta que de repente, se topó con su rostro otra vez. Ella no lo podía creer, se quedó helada, no tenía la más mínima idea de que él pudiera estar ahí. La miró a los ojos por unos segundos, no dijo ninguna palabra, ni le  extrañó que no la reconociera, o que fingiera no hacerlo, pues así fue como terminó su amistad poco a poco. Pronto comenzó a sentir el dolor, ese frío que colmaba su ser con solo mirarlo, era algo increíble. Ella quiso hablarle, pero la timidez le ganaba por mucho, así que solo lo miraba cuando pasaba a lo lejos. El la miraba como si nada, y ella como si todo. Ni siquiera ella podía comprender como era que lo seguía amando, después de lo que ocurrió, tal vez porque la hizo sentir como a nadie, se sentía querida, protegida y respetada, era su primer amor y lo seguiría siendo. Lo sería hasta la muerte. Porque no iba a darse por vencida, por mas difícil que fuera llegar a estar con él de nuevo. Iba a llegar hasta él, a su amor de tiempo muerto. 

escrito por mi, hace un año, cuando estaba ahogada en depresión.

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